La clave para mejorar la digestión, perder peso, y disfrutar más de tu dieta

Te doy una pista… ¡no es lo que crees!

¿Eres tú?

Siempre necesitas un ‘snack’ o postre después de comer.

Te sientes cansad@ o lent@ después de comer.

Acabas tu plato y estás bien, pero pasan 20 minutos y sientes demasiad@ llen@.

Te cuesta ir al baño, o vas muy irregular.

Te duele la barriga, te hinchas o tienes gases.

Tienes acidez o malas digestiones.

Tienes ganas de comer más, aunque ya hayas comido.

Puede ser que piensas que la solución es una nueva dieta, o que estás escogiendo mal tus alimentos.

La verdad es que sí, un cambio de alimentación quizás te ayuda a mejorar estos síntomas- pero en muchos casos, el problema no es la dieta.

El problema es que comes demasiado rápido.


Las dietas están tan enfocadas en qué y cuánto comes… pero la realidad es que al cambiar CÓMO comes, puedes hacer grandes cambios en tu cuerpo, tu mentalidad y tu salud. ¿ENTONCES POR QUÉ NO SE HABLA DE ESO?

Bueno.. Es que comer más lento no es la solución sexy y mágica que todo el mundo está buscando.


Te comparto un poco de mi filosofía- yo creo firmemente que puedes comer de una forma que disfrutas y también apoya tus objetivos físicos y de rendimiento. No hace falta que siempre pases hambre, o que busques maneras de ‘engañarte’ para comer menos calorías. No tienes que tener hinchazón, y no tienes que pasar toda la semana planificando tu ‘cheat meal’.

Puedes tener un cuerpo que te gusta y también disfrutar de cómo comes. 

Si ahora estás pensando ‘Pero, G, a mi me encanta pizza y helado, ¿así que dices que puedo comer eso cada día, no? No. No puedes. Pero la verdad es que tampoco es lo que QUIERES. Sólo suena guay pensar en ello. (pero esto es otra conversación, para otro momento)

Así que sí, tienes que comer verduras, y sí, tienes que prestar atención a lo que tienes en el plato.

Pero si ves un poco más despacio, prestas atención a cómo te sientes, y comienzas a echar un poco de esfuerzo a tus comidas… encontrarás que la respuesta ya la tienes.


¿Suena super sencillo, no? Sólo hay que comer un poco más despacio, y resuelves todos tus problemas! Recuerda- sencillo no es igual a fácil. Si llevas muchos años tragando tus bocados sin masticar, comiendo delante de la tele o el móvil, o comiendo al ritmo de Formula 1.. ¡Esto va a ser trabajo! Tu manera de comer es algo que llevas toda la vida practicando- así que puede costar un poco romper este hábito y resetearlo.

Te prometo que el esfuerzo vale la pena. Cuándo vas con menos prisa, saboreas la comida, la masticas bien, y comes sin distracciones… 

Dejas de tener tantas malas digestiones y acidez.

Te hinchas menos, y tienes menos gases.

Dejas de comer hasta reventar.

Sientes más satisfacción con lo que comes.

Dejas de picotear sin pensarlo.

Tienes niveles de energía más estables.

Puedes estar más consciente de cómo reacciona tu cuerpo a ciertos alimentos. 

Como ves, hay muchos beneficios de comer más despacio, pero puede ser un poco más difícil de lo que suena. Siempre estamos en un estado de prisa- y hay estrés, presión y distracciones de todos lados.

Sin embargo, con un poco de esfuerzo de tu parte, puedes disfrutar de estos beneficios.

Pausa antes de comenzar.

Si te encanta comer y te emocionas antes de la comida, puede ser que comienzas sin realmente darte cuenta de lo que tienes delante. Antes de tomar el primer mordisco, toma un momento para mirar lo que tienes en el plato. Huelelo. Reconoce tus niveles de hambre, y recuerda que tener un poco de hambre NO es una emergencia- comer más rápido no ayuda.

Deja los cubiertos en el plato.

Cuando tienes comida en la boca, asegura que no tienes nada en las manos. Nada- ni el móvil, el ordenador, el mando de la tele.. NADA. Puede ser que te das cuenta que tu tendencia es de siempre estar metiendo comida en la boca- aunque ya la tienes llena! Mastica bien y traga antes de meter tu siguiente mordisco de comida.

Mastica bien la comida.

Por lo menos 20 veces. Es muy común masticar sólo un par de veces y tragar. Cada bocado tiene que ser cómo una masa antes de tragarlo- esto tiene un efecto muy grande en la digestibilidad de lo que comes, y puede afectar mucho el proceso de digestión en el estómago.

Deja con el ‘multitasking.’

Parece que trabajar mientras comes es super buena idea- ¿harás el doble, no? Pues no. Estudios sobre la productividad demuestran que hacer más de una tarea a la vez hace que consigues menos- no más. Deja el ordenador, deja de mirar Instagram, y espera hasta que acabes de comer para mirar tu serie preferida en Netflix. 

Mide el tiempo que tardas para comer.

Toma nota de cuánto tardas normalmente para acabar tus comidas- por ejemplo, si normalmente acabas tu desayuno en 8 minutos, programa un crono para 12-15 minutos y esfuérzate para tardar ese tiempo en acabarlo. Tomar más tiempo para acabar tus platos deja que reconozcas mejor tus señales de saciedad- tu estomago y tu cerebro tardan casi 20 minutos en comunicar si estás lle@ o no!

Escoge UNA comida al día para practicarlo para comenzar, e ir sumando poco a poco.

Puede ser que al principio lo encuentras incómodo. Puede ser que te olvidas de hacerlo hasta que llegues a la mitad de la comida. No pasa nada. Sé cabezon@, y sé paciente. Un hábito sólo funciona si puedes hacerlo de forma constante- comienza con poco, aumenta tu confianza, y de allí suma.

Si te gustaría algo de apoyo en definir los hábitos que van a ser más útiles para cambiar tu vida, responde a este email. Buscamos un hueco para llamarnos y comentar lo que te gustaría lograr en tu nutrición, tu mentalidad y tu cuerpo- sin compromiso.

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